Si la sola palabra “tarántula” te da escalofríos, este artículo puede que no sea para ti… o tal vez sí. Porque aunque parezca increíble, muchas personas en Latinoamérica están adoptando tarántulas como mascotas. ¿Por qué? Son silenciosas, no necesitan paseos, no destrozan los muebles y, admitámoslo, tienen ese aire gótico-misterioso que las vuelve únicas. Pero claro, no son peluches con patas: requieren cuidados específicos y no son para cualquiera.
Mitos Comunes
Uno de los grandes mitos es que las tarántulas son agresivas y saltarán a tu cara apenas abras el terrario. Falso. La mayoría son más tímidas que tu vecino del sexto piso. Algunas especies, como la Grammostola rosea o la Brachypelma hamorii, son ideales para principiantes porque son tranquilas y no se toman nada personal. Eso sí, tienen sus límites y, si se sienten amenazadas, podrían lanzar pelitos urticantes (una forma muy sofisticada de decir “aléjate de mi casa”).
Alimentación
¿Y qué comen? Nada de croquetas ni latas gourmet. Se alimentan principalmente de insectos vivos como grillos, cucarachas o gusanos de la harina. Sí, esto no es para los estómagos delicados, pero forma parte del trato. Además, su metabolismo es tan lento que pueden pasar semanas sin comer y seguir felices (una ventaja si te olvidas la cena, no lo intentes con un perro).
Terrario y Cuidados
Tener una tarántula también significa entender que no es para acariciar ni sacar a pasear con correa. Es una mascota de observación, ideal para quienes disfrutan del silencio y la contemplación. Requieren un terrario con humedad y temperatura controladas, buena ventilación, escondites y sustrato adecuado. Su cuidado es sencillo, pero no por eso debe ser tomado a la ligera.
Un punto a favor para los más ocupados: son longevas. Algunas hembras pueden vivir hasta 20 años. Así que si te comprometes con una, será una relación a largo plazo. Eso sí, revisa siempre la legalidad de su adquisición. En Perú y otros países, la venta de algunas especies está regulada para evitar el tráfico ilegal de fauna.
Así que, ¿es aconsejable tener una tarántula como mascota? Si tienes fascinación por el mundo invertebrado, te llevas bien con la paciencia y no esperas lamidos de amor incondicional, la respuesta es sí. Podría ser la compañera más intrigante (y peluda) que jamás hayas tenido. Eso sí, ¡no intentes ponerle corbatita para Navidad!
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