Ver a tu perro lamerse las patas de vez en cuando es completamente normal. Es parte de su rutina de higiene, algo así como su versión canina de “lavarse las manos”. Pero cuando el lamido se vuelve constante, intenso o casi obsesivo, la ciencia veterinaria levanta la ceja. El lamido excesivo no es un simple hábito: es un síntoma que puede tener causas físicas o emocionales.
Una de las razones más frecuentes son las alergias. Desde el punto de vista médico, muchos perros desarrollan dermatitis alérgica, ya sea por alimentos, ácaros, polvo, polen o incluso productos de limpieza. Las patas están en contacto directo con el suelo, por lo que reaccionan primero. El picor provoca que el perro lama para aliviar la molestia, pero el exceso de humedad termina irritando más la piel, creando un círculo vicioso. Por ejemplo, el caso de Max, un Labrador Retriever que comenzó a lamerse las patas después de cambiar su comida. Su dueña, al notar la constante irritación, consultó al veterinario y resultó que era alérgico a un nuevo ingrediente. Un cambio a una dieta hipoalergénica resolvió el problema.
Los parásitos también juegan su papel. Pulgas, ácaros o infecciones por hongos pueden provocar picazón intensa localizada. Incluso si no ves pulgas, una sola puede desencadenar una reacción alérgica significativa. Desde la dermatología veterinaria, se recomienda siempre descartar causas parasitarias antes de asumir que es “solo nervios”. Un caso conocido fue el de Luna, una perra Bulldog Francés que no paraba de lamerse la pata trasera. Su dueña pensó que era un comportamiento nervioso, pero resultó ser una infestación de ácaros. Un tratamiento antiparasitario fue suficiente para que Luna dejara de lamerse.
El dolor es otro factor silencioso. Lesiones pequeñas, espinas, cortes invisibles o incluso problemas articulares pueden hacer que el perro enfoque su atención en una pata específica. Científicamente, el lamido actúa como un mecanismo de alivio temporal porque libera endorfinas, pero no resuelve el problema de fondo. Si el lamido es unilateral o hay cojera, es momento de revisar. Tal fue el caso de Toby, un Pastor Alemán que comenzó a lamerse la pata izquierda tras una excursión al bosque. Se descubrió que tenía una espina que le causaba molestia. Después de removerla, su comportamiento normalizó.
No todo es físico. El estrés y el aburrimiento también pueden desencadenar lamido compulsivo. Desde la veterinaria conductual, se sabe que algunos perros desarrollan conductas repetitivas como forma de autorregulación emocional. Cambios de rutina, soledad prolongada o falta de ejercicio pueden traducirse en patas constantemente húmedas. En estos casos, el tratamiento no es solo crema… es más estímulo mental y físico. Por ejemplo, Bella, una perra Beagle, empezó a lamerse las patas tras la mudanza a una nueva casa. Su dueña, al notar su ansiedad, decidió introducir más juegos interactivos y paseos largos, lo que redujo significativamente el comportamiento.
Cuando el lamido se prolonga, pueden aparecer lesiones llamadas granulomas por lamido, que son áreas inflamadas y difíciles de curar. Por eso es importante intervenir temprano. Revisar la alimentación, mantener control antiparasitario, secar bien las patas después del paseo y enriquecer el entorno son pasos básicos. Si persiste, el veterinario debe evaluar la causa exacta.
Ya lo sabes, lamerse las patas ocasionalmente es normal; hacerlo de forma excesiva no lo es. La clave está en observar frecuencia, intensidad y cambios asociados. Porque detrás de esa lengua insistente puede haber picazón, dolor o simplemente un perro que necesita más atención y actividad.
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