Tener una tortuga en casa es como tener un pequeño dinosaurio zen: tranquila, curiosa y llena de personalidad. Pero ojo, su aparente simplicidad puede engañar a más de uno. Ya sea terrestre o acuática, cada tipo de tortuga tiene sus propias exigencias de espacio, temperatura y alimentación, y conocerlas puede ser la diferencia entre una mascota feliz y una visita urgente al veterinario. Así que si estás pensando en adoptar una, aquí te contamos todo lo que tu futura “Tortu” necesita para vivir muchos (¡muchísimos!) años.
Las tortugas terrestres son perfectas para quienes tienen un jardín o terraza con buen espacio y acceso al sol natural. Les encanta caminar, escarbar y tomar el sol, pero necesitan sombra y refugios donde esconderse. En cambio, las tortugas acuáticas requieren un acuaterrario: una mezcla de agua limpia, filtrada y templada (entre 24 y 28 °C) con una zona seca donde puedan descansar y tomar sol. Ambas especies dependen del calor para mantener su metabolismo activo, así que si vives en una zona fría, un calefactor y una lámpara UVB serán tus mejores aliados.
En cuanto a la alimentación, no todas las tortugas comen lo mismo. Las terrestres prefieren una dieta herbívora rica en hojas verdes, flores y trocitos de frutas (con moderación). Las acuáticas, en cambio, son omnívoras y disfrutan de pequeños trozos de pescado, camarones o alimento balanceado especial. Los veterinarios recomiendan no sobrealimentarlas, ya que el exceso de proteínas o frutas puede causar problemas hepáticos o crecimiento irregular del caparazón. Recuerda: más variedad y menos “caprichos”.
La limpieza es otro punto clave. Las tortugas acuáticas necesitan agua filtrada o cambiada regularmente, porque tienden a ensuciar su propio hábitat (sí, también hacen sus necesidades ahí). Un filtro adecuado y cambios parciales de agua semanales evitarán infecciones oculares y de caparazón. Las tortugas terrestres, por su parte, requieren sustratos secos y naturales —como tierra o fibra de coco— que se limpien con frecuencia. En ambos casos, los espacios deben estar libres de moho y restos de comida.
Y, por supuesto, hablemos de salud. Las tortugas pueden sufrir enfermedades respiratorias, hongos en el caparazón o deficiencias de calcio si no reciben suficiente luz solar o vitamina D3. También son susceptibles a parásitos intestinales, por lo que las revisiones veterinarias regulares son imprescindibles, incluso si “parecen estar bien”. Nada de dejarlas hibernar sin control o tenerlas en cajas cerradas: necesitan ventilación, humedad equilibrada y mucho sol (¡pero sin broncearse!).
Adoptar una tortuga no es una decisión impulsiva: son animales longevos que pueden acompañarte más de 30 años. Pero si les das el hábitat adecuado, buena alimentación y cuidados básicos, tendrás una compañera tranquila y fascinante. Así que antes de caer en la tentación de comprar una “bebé tortuga de TikTok”, infórmate, acondiciona su espacio y prepárate para un amor que se mueve lento, pero dura toda la vida.
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