“¡Vamos!”, “no”, “sienta”, “comida” y, por supuesto, su propio nombre, son algunas de las palabras que cualquier perro promedio puede aprender a identificar, incluso antes de saber en qué esquina vive. Pero ¿alguna vez te has preguntado por qué tu peludo entiende estas palabras y no otras como “impuesto” o “hipoteca”? Spoiler: no es porque tenga un diccionario canino escondido, sino por una combinación maravillosa de memoria asociativa, tono de voz y entrenamiento positivo.
Los perros no entienden el lenguaje como los humanos, pero son maestros del contexto. Si dices “vamos” con entusiasmo mientras agarras la correa, tu perro no solo reconoce la palabra, sino todo el ritual previo al paseo. Así, esa palabra se convierte en música celestial para sus orejas peludas. Lo mismo ocurre con “comida” (o “c-o-m-i-d-a”, como dicen algunos humanos que creen engañar a su perro), asociada con sonidos de bolsitas, platos y el olor irresistible del pollo cocido.
Miguel, tiene un Golden Retriever llamado Max. Cada vez que dice “comida” y sacude la bolsa de croquetas, Max no solo viene corriendo; él también empieza a hacer un pequeño baile de felicidad. Esto demuestra cómo los perros asocian acciones y sonidos, transformando la conexión entre palabras y experiencias en algo tangible y emocionante.
Otra experiencia fue cuando Doris, adoptó a un perro rescatado. Pronto, se dio cuenta de que el perro respondía medidas a su nombre, “Rocco”, solo cuando él la miraba. Aprendió que su nombre era una señal de atención y cariño, lo que fortaleció su vínculo.
Consejos prácticos para lograr que te «entiendan»
- Repetición consistente: Usa siempre las mismas palabras para comandos. La repetición ayuda a fijar el aprendizaje.
- Refuerzo positivo: Siempre que tu perro responda bien, recompénsalo con elogios o golosinas. Esto refuerza el comportamiento deseado.
- Uso de gestos: Combina las palabras con gestos. Un movimiento claro ayudará a tu perro a asociar la instrucción con la acción.
- Sesiones cortas y frecuentes: Realiza sesiones de entrenamiento cortas, pero frecuentes. Esto evita que tu perro se aburra y mantiene su atención.
- Evitar la confusión: Ten cuidado de no usar palabras que suenen similares para diferentes comandos. Esto puede generar confusión.
Palabras como “no” son también de las más frecuentes, aunque su efectividad depende de cómo las uses. Si cada “no” va acompañado de gestos, tono firme y coherencia, el perro capta que es una palabra de advertencia. En cambio, si se la dices mientras le haces cariño, probablemente la interpretará como un “sí disfrazado”, y seguirá robando medias sin remordimiento.
“Busca” o “sienta” son comandos que aprenden con repetición, recompensa y coherencia. Son parte del vocabulario funcional que muchos dueños enseñan en casa o en sesiones de adiestramiento. Un estudio apoyado por la Universidad de Exeter sugiere que algunos canes pueden aprender hasta 165 palabras, ¡pero con solo cinco bien enseñadas ya puedes establecer una convivencia armónica y divertida!
La clave está en la repetición, el refuerzo positivo y una comunicación clara. Así como los humanos aprendemos idiomas viajando y practicando, tu perro aprende tu idioma viviendo contigo. Así que si quieres que entienda “baño” o “vete a tu cama”, no basta con decirlo: ¡haz que esas palabras signifiquen algo para él! Tu tono, tu cuerpo y tu cariño son el mejor diccionario canino.
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