“¿Quién es el bebito más hermoso de esta casa?”… Si alguna vez dijiste algo así mirando a tu perro, gato, o incluso a tu hámster, no estás solo. Hablarle a nuestras mascotas con tono de bebé es tan común que ya parece idioma oficial en hogares con animales. Pero, ¿está bien hacerlo? ¿Nos entienden? ¿O solo nos miran pensando que perdimos la cordura?
La ciencia tiene algo para decir: sí, hablarle así a tu mascota puede ser beneficioso… especialmente si es un perro. Un estudio de la Universidad de York (sí, esto se investiga en serio) demostró que los perros responden mejor a tonos agudos, exagerados y llenos de emoción, porque captan su atención y generan un vínculo emocional más fuerte. Es decir, ese “¡Hola, bebéee!” podría estar construyendo confianza y conexión.
En el caso de los gatos, la historia es un poco más felinamente complicada. No responden igual que los perros al “lenguaje infantil”, pero sí reconocen la voz de sus humanos y tienden a reaccionar cuando se les habla de forma afectuosa y personalizada. Si bien puede que no corran hacia vos como un perro emocionado, saben que ese “mi michi mimado” viene con cariño (y probablemente snacks).
Los veterinarios también apoyan esta práctica, en la medida justa. Usar un tono suave y amoroso puede calmar a los animales en momentos de estrés, como una visita al consultorio o una tormenta. Eso sí: si usás el tono de bebé para decir “¡vamos al vet!” o “¡hora del baño!”, no esperes que te crean. Los animales no son tontos, y asociarán esas palabras con lo que viene después, sin importar cuán meloso suene.
Lo que sí puede volverse contraproducente es usar este tono para corregir comportamientos. Si tu perro está masticando el sillón y vos le decís “nooo, bebé, eso no se hace, sos un angelito”, no estás enviando el mensaje más claro del mundo. En esos casos, conviene reservar el tono adorable para los buenos momentos y usar un tono más neutro (sin gritar) para las correcciones.
En resumen: háblale a tu mascota como si fuera un bebé si así deseas, está científicamente aprobado (¡al menos por los perros!). Pero úsalo como parte de un vínculo emocional sano, no como único medio de comunicación. Porque si bien no van a responderte con palabras, te escuchan, te entienden y, de alguna forma, te contestan con la mirada, la cola o un ronroneo.
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