Todo tutor de mascotas ha pasado por ese momento de debilidad en la tienda: ves un arnés con luces LED, un bebedero que hace burbujas o una camita que promete ser “ergonómica nivel spa” y lo compras con entusiasmo. Pero seamos honestos, ¿cuántos de esos productos terminaron en el fondo del clóset, ignorados por tu perro o tu gato como si fueran parte del decorado?
La industria pet no tiene límites. Desde cepillos que prometen dejar el pelaje como el de un golden en comercial, hasta juguetes interactivos que parecen salidos de la NASA, hay de todo. Algunos productos son oro puro: por ejemplo, un buen cortaúñas, una aspiradora de pelo de mascota o un transportador cómodo y resistente valen cada sol. Según estudios recientes, se estima que solo un 20% de los productos para mascotas son considerados realmente útiles y funcionales por los dueños. Pero hay otros que, aunque muy “instagrameables”, no hacen más que ocupar espacio y generar frustración.
Un caso clásico es el dispensador automático de golosinas con control remoto. Suena increíble en teoría, pero tu mascota lo ignora o lo derriba a la primera oportunidad. Y ni hablar del “sombrero de cumpleaños” que dura 7 segundos antes de ser arrancado con indignación. O esa fuente de agua que parece de ciencia ficción pero que tu gato mira con desprecio porque prefiere el charco del jardín.
Ahora bien, hay inventos brillantes que han cambiado la vida de muchos dueños. El GPS en el collar, por ejemplo, ha resuelto más de una fuga en el parque. Los comederos lentos ayudan a perros ansiosos y los rascadores verticales hacen maravillas con gatos trepadores. Estos productos no solo son funcionales, sino que aportan bienestar real.
¿Y qué decir de los muebles con doble función? Sofás que son también cama de perro, mesas que esconden la caja de arena o mochilas con ventilación para pasear al gato en modo astronauta. Cuando la creatividad va de la mano con el confort, se nota. Pero cuando se lanza un “yogur helado de sardina” como snack gourmet… bueno, ya sabemos que no todo lo viral vale la pena.
Al final, lo útil o inútil depende tanto de la personalidad de tu mascota como de tu capacidad de decir “no” al impulso consumista. Porque sí, consentirlos está bien, pero nada supera el juguete favorito que lleva tres años roto pero sigue oliendo a ti. La próxima vez que compres algo “imprescindible”, pregúntale primero a tu peludo… o prepárate para ver otro artefacto caro convertido en pisa papeles.
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